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Solo quiero compartir mi tiempo,
no regalarlo, ni robar ajenos. Quiero desprenderme de esta urgencia… de esta necesidad de olvidar el pasado. Quiero tener más porqués… para andar en el presente. autor: Edel Juarez
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Soy la consecuencia
Llévame contigo
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Pegado a ti
AMOR QUE LIBERA
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Ya no soy la niña amarga
que tenía un mar de llanto y alta ortiga por el alma. Ya no soy la niña enferma
que al oír risas lloraba; ya salí del solitario bosque que me acorralaba .Ahora soy la niña verde,
porque floreció mi calma. Ya no soy la loca triste, ya no soy la niña blanca,
Nuevo amor ha traspasado
con el nardo de su lanza mi corazón, que ahora tiene un nombre de menta y ámbar. ¡Ay cuánta sonrisa noto
que trepa por mis espaldas! ¡Qué brillo tienen mis ojos -viudos de siete mil lágrimas-! La vida me sabe a verso
y los besos a manzana. -El monte arregla sus pinos, por las rocas el mar baila-. El amor danza en mi pecho. ¡Ya me quiere! ¡Ya me aguarda! Ya no soy la loca triste, que al oír risas gritaba; Ahora soy la niña dulce,
ya no soy mujer amarga. Gloria Fuertes
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Poesias de Yose Alvarez-Mesa
Reconocí el cerrojo oxidado en el pecho
la mirada hacia dentro, la boca precintada,
la tormenta en la piel.
Me observé descansando del aire, del reloj, de la huida,
en almohadas de páginas yermas;
el gesto ladeado, los ojos entreabiertos,
los labios dibujados con restos de sonrisas.
De pronto pude ver el estrago y la arruga
clavados en los dedos aferrados al sueño,
doblegando sus miedos en el mármol desnudo.
Vi la desesperanza surcar las alamedas,
las mortales heridas escupieron sus hilos de sutura
sobre oscuros presagios y una hostil espesura
se enraizó lentamente en mis pies.
Y me senté a contemplar el roce del instante
que cruzaba el espejo.
Burbujas de silencio se tragaron los brotes
de lo que iba naciendo,
y estallaron en el aire dispersándose en brumas
que taladran las noches.
Descubrí entre los brazos sarmentosos del eco
una vida de magnitudes nuevas
envuelta en lo infinito,
y ese envoltorio sí parece a mi alcance.
Veo pasar de largo las frías cuchilladas
y el acero ni siquiera me toca;
mis pies ya no lloran caminos ni cansancios
porque todo se deposita en mí sin tener que avanzar.
Y siento la razón de ser mujer.
Yose Álvarez-Mesa
En medio de las risas
En medio de las risas y testigo del llanto,
oyendo y viendo gentes remotas a mi lado,
en una soledad sin palabras ni gestos,
acaso solo y triste, me doy cuenta, me hablo.
Por este no morirme me estoy muriendo a diario.
Desde mi cuerpo grito noche a noche,
me espanto de que sean míos mis brazos,
de que yo sea mi cuerpo… tan ajeno, tan largo.
El dolor de mi espalda no es mi dolor.
¡Qué amargo el endulzar las horas con libros sabios!
Podría estar aquí si no estuviera
en un hombre sin labios.
Me aproximo a la tinta cuando escribo llorando.
Hace una hora estuve en un Café, en la calle,
en un colegio del que mejor no hablo.
Ayer fui al cine. Antier me quedé en mi cuarto.
Todos hacen que viven o que mueren,
yo hago que hago.
Hablo de este dolor y de esta ausencia,
de tu dolor y de tu ausencia es que hablo.
De tu pleito de anoche con tu hermano,
de tu tristeza, huérfano, de tu disgusto, enamorado,
de tu esperanza, pobre, de tu ternura, desgraciado.
Hablo de todo lo que tiene origen
en este estar aquí desesperado
y hablo también de lo que no lo tiene,
y nos zozobra dentro, y nos golpea
como un pájaro ciego, enajenado.
Mi sangre es sangre de hombre
y yo no la compré ni la regalo.
Cae gota a gota de mi lengua cuando hablo
porque tengo la lengua en mi quijada
clavada con un clavo.
Pero mi sangre abunda,
viene de todos los desamparados,
de todos los que no esperan nada esperanzados.
Terribles, largos días, breves años,
sin casa nunca, sin descanso.
El corazón golpeándome en las manos,
los ojos sumergidos en un vaso con noche
sobre el buró, mirando.
Y otra vez el rebelde y el manso.
Y el buscarse entre extraños
que se visten de uno y hablan como uno a ratos.
Quizás yo soy este dolor de muelas
en la cara del diablo.
Detrás de todas ventanas vacías
que ven pasar de noche el viejo espanto
yo soy como una vela enmudecida
en las manos de sombra del milagro.
JAIME SABINES





